Christopher Waller, gobernador de la Reserva Federal, advierte que el bloqueo del estrecho podría disparar la inflación energética. Aunque se descartan nuevas subidas, el petróleo a 100 dólares pone en jaque los recortes de tipos previstos para 2026.
El optimismo de los mercados financieros ha chocado este viernes 20 de marzo de 2026 con la cruda realidad geopolítica. El gobernador de la Fed, Christopher Waller, ha lanzado un mensaje de cautela: el estrecho de Ormuz, por donde fluye el 20% del petróleo mundial, se ha convertido en el principal enemigo de una política monetaria más laxa.
Con los tipos de interés actualmente en el rango del 3,5% – 3,75%, la Reserva Federal se encuentra en un equilibrio de máxima fragilidad: necesita bajar los tipos para no asfixiar un mercado laboral debilitado, pero no puede hacerlo si la energía vuelve a incendiar los precios.
Ormuz: Una arteria bloqueada, un impuesto global
No es una crisis regional; es un shock sistémico. La física del estrecho de Ormuz dicta que no existen alternativas reales para los 20 millones de barriles diarios que lo cruzan.
- Capacidad de reserva insuficiente: Arabia Saudí y Emiratos solo pueden desviar 2,6 millones de barriles por rutas alternativas, una cifra insignificante frente al volumen total.
- El «Impuesto Energético»: El cierre o la inseguridad en el corredor dispara no solo el precio del crudo, sino también los seguros marítimos y el transporte, encareciendo toda la cadena de suministro global.
- Gas en vilo: Ormuz también es vital para el 20% del Gas Natural Licuado (GNL) mundial. Un corte prolongado afectaría la generación eléctrica y la industria mucho más allá de las gasolineras.
La inflación se resiste a bajar
Waller ha sido claro: el contagio empieza en el surtidor y termina en la cesta de la compra. En EE. UU., la gasolina ya ha subido 65 centavos por galón en solo una semana, el mayor repunte en 20 años.
- Objetivo 2% en peligro: La inflación PCE para 2026 se proyecta en el 2,7%, todavía lejos de la meta de la Fed. Un petróleo estabilizado en los 100 dólares podría restar hasta 0,5 puntos al PIB estadounidense.
- La Fed pierde margen: En su reunión del 18 de marzo, el organismo admitió que el panorama es «incierto». Aunque el plan original era situar los tipos en el 3,4% para fin de año, el shock petrolero podría obligar a mantenerlos altos durante más tiempo del deseado.
El dilema del empleo: ¿Dureza o precaución?
La gran preocupación de Waller para defender los recortes es la debilidad del empleo. En 2025, la creación de puestos de trabajo fue la más baja desde 2002 (fuera de una recesión), con apenas 600.000 nuevos empleos.
- El riesgo de error: Si la Fed mantiene los tipos altos para luchar contra una inflación «importada» por la energía, corre el riesgo de destruir un mercado laboral que ya muestra grietas profundas.
- Paciencia agotada: Waller prefiere «mirar a través» de los shocks temporales, pero si el bloqueo de Ormuz se cronifica, la Fed no tendrá otra opción que priorizar la estabilidad de precios sobre el crecimiento.
EE. UU. frente al resto del mundo
Aunque Estados Unidos solo importa el 7% de su crudo a través de Ormuz, no es inmune. El petróleo es un mercado global y el precio que paga un conductor en Ohio se decide en las aguas del Golfo. Mientras China, India y Japón sufren el golpe de suministro (reciben el 84% del crudo de esa ruta), Estados Unidos sufre el golpe de precios, lo que basta para desbaratar cualquier plan de alivio monetario este verano.





